lunes, 24 de noviembre de 2014

Generosidad, un gesto naturalmente humano

Me acaba de pasar algo fascinante.
Son las 22:55, estoy en casa, en mi habitación, mirando cosas en el ordenador cuando de repente suena el timbre. Pienso “qué raro, ¿quién llamará a estas horas?” Me asomo a la ventana de arriba y veo una bici. Vuelven a llamar con insistencia. Bajo rápido las escaleras y me asomo a la ventana del salón con un poco de inquietud (por no decir miedo). Entonces veo que es Ilze, mi amiga Letona, la que está al otro lado de la puerta. Pienso “¡Ilze! ¿Qué le pasará?” y le abro la puerta en seguida. Sin darme tiempo si quiera a preguntar me dice “I’ll come in” y lleva un gran tapper de plástico en las manos. Entra en mi salón y deposita dicho tapper sobre la mesa. “Ok. This is your bread for tomorrow and… give me some plate” Yo, simplemente alucinando, busco rápidamente un plato, donde a continuación mete cuatro muslos de pollo. Mi estado es tal shock que me empiezo a reír sin parar y le abrazo. Me dice “What? I had so much chicken that I just thought I needed to share it” “You are crazy, Ilze, thanks so much, I love you” Le contesto sin parar de reír. “I know, I love you too” Me dice. A continuación le deseo buenas noches y le acompaño a la puerta, se va hacia la casa de Alba, a la que dará otros cuantos muslitos.

Este pequeño acto, parece una cosa tonta y mundana. Especialmente, no será nada llamativo o curioso para la gente que trabaja en el gremio de la repostería, como Ilze, donde es normal que sobre la comida en el restaurante y te la lleves a casa. Pero para mi, este gesto aparte de emocionarme muchísimo y hacerme reír, una vez más, con la loca de Ilze; me ha hecho pensar. Me ha hecho pensar en la generosidad y en lo bonito que es compartir. Compartir entre humanxs, compartir para sentirnos un poquito más seres pertenecientes al mundo y no al revés. No un mundo que nos pertenezca. Porque compartir es la forma más natural de vivir. Y porque el mundo, La Tierra, no nos pertenece. Nada nos pertenece. La propiedad es un invento del ser humano para velar por los intereses individuales de algunos señores que un día decidieron que ellos merecían más que el resto. ¿Qué es la propiedad? Pregunta Proudhon en una de sus obras más importantes. Pues bien, según él la propiedad no es más que una excusa para justificar el sistema de explotación que se esconde detrás del trabajo asalariado. Una excusa para justificar la diferencia social entre los patrones y los obreros. Entre ricos y pobres. Entre los que tienen más (dinero, bienes, poder) y los que menos tienen. Para ellos es importante la propiedad, para que persista este sistema en el que si no tienes dinero no eres nada. Pero, ¿qué es el orden mundial para la gente de la calle? ¿Acaso tener más dinero me va a hacer más feliz? No lo creo. Y lo he podido comprobar esta noche, aquí y ahora. Donde un simple gesto de generosidad entre amigas significa todo un mundo de alegrías. La Tierra está para que la cuidemos, para que la trabajemos y saquemos provecho de todo lo que nos ofrece. No haría falta más que lo necesario para cada día y compartiendo entre iguales, todo se aprovecha más y sabe mejor. No hay necesidad de sobreexplotar, tenemos miles de cosas que apenas utilizamos. ¿Y todo para qué? Para sentirnos más ricos, más poderosos. O eso es, por desgracia, lo que nos hacen creer.


Pues bien, reniego de este orden establecido. Reniego de la propiedad privada o pública. De toda propiedad. Reniego de la desigualdad social basada en la riqueza y los bienes. Reniego de la usurpación, ya que el robo es simplemente una consecuencia de la inventada “propiedad”. Todo es de todas. Y con esta frase no apelo al socialismo, no. Me refiero a que realmente todo, en la naturaleza, pertenece única y exclusivamente a ella misma. Y por consiguiente a todos los seres que formamos parte de ella. Nada nos pertenece porque nosotras mismas somos pertenecientes a algo mayor. Por eso, reitero, todo es de todas. Compartir es un gesto precioso que satisface a ambas partes. Deberíamos preocuparnos más por buscar este sentimiento; ya que lo que nos da bienestar no es tener más dinero, más objetos, bienes u otras absurdas invenciones; sino el sentirnos humanos, el amor y la libertad. Que sólo se consigue actuando en armonía con La Tierra y todo lo que la forma. 

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